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Base Aérea Capitán Andrés María Díaz

Ser aviador para Andrés María Díaz Díaz fue su aspiración y la perseverancia el camino para lograrlo. Formado inicialmente como oficial del Ejército, solicitó transferencia a la Escuela Militar de Aviación de Madrid, donde obtuvo las alas de piloto militar en 1929. Con el ímpetu propio de la juventud, comprendió que el éxito de la aviación está en la suma de esfuerzos, siendo el mantenimiento uno de los pilares de la operación. Esta fue la bandera con la cual luchó por la creación de la Escuela de Mecánicos, porque así como había una Escuela de Pilotos, se requería una para técnicos de aviación.

En principio, la formación de los mecánicos, antecesores de los suboficiales técnicos, estuvo integrada a la de pilotos en la Escuela Militar de Aviación entre 1919 y 1932, año en que fue creada la Escuela de Radiotelegrafía y Mecánica, con legislación adecuada y estructura formal. No obstante, la Base Aérea cobró vida al ser ubicada, en 1971, en las actuales instalaciones de Madrid, Cundinamarca.

Las transformaciones nacionales también se han reflejado en los nombres recibidos a lo largo de su historia: Escuela de Radiotelegrafía y Mecánica de Aviación, Escuela de Mecánicos de Aviación, Escuela de Clases Técnicas, Escuadrón Escuela Aerotécnicos Militares, Grupo Escuela de Formación de Suboficiales y, finalmente, Escuela de Suboficiales. Una evolución progresiva del personal en consonancia con los tiempos y los avances tecnológicos, que pasó de mecánicos a Suboficiales Técnicos, integrando el escalafón de las Fuerzas Militares. Su ubicación estratégica en Madrid, frente al Comando Aéreo de Mantenimiento, permite la integración, teórica y practica, de los futuros suboficiales de mantenimiento de la Fuerza a lo largo de su formación.

En 1932, el pénsum visto por el primer curso de mecánicos contemplaba las materias de orden cerrado, gimnasia, física, matemáticas, historia patria, táctica, aerodinámica, mantenimiento de aeronaves, mecánica, carpintería, entelaje, motores y láminas. A medida que la aviación militar crecía en número de aviones y personal calificado, los cursos se hicieron más frecuentes, numerosos y completos, exigiendo mayor grado de cultura humanística e idoneidad de los aspirantes. En 1947, la Fuerza envió los primeros suboficiales en comisión a la Escuela para la América Latina del Comando Aéreo del Caribe, en San Antonio, Texas. El paso de motores recíprocos a turbohélices y turbojet, obligó a agregar materias, entre ellas la electrónica, factor decisivo en los sofisticados sistemas de instrumentos, vuelos y comunicaciones.

Cuando en 1971, la Escuela pasó a denominarse Escuela de Suboficiales, esufa, se le encomendó además de la formación de los nuevos suboficiales, tanto técnicos como de Infantería, la tarea de adelantar todos los cursos de capacitación para ascenso de los suboficiales de la Fuerza. Al terminar el curso obtenían el grado de Técnico Cuarto y Tecnólogos Aeronáuticos con énfasis en aviones a reacción, aviones convencionales, motores a reacción, motores recíprocos, electrónica a bordo y electrónica terrestre. Los infantes de aviación recibían el grado de cabos segundos y tecnólogos en administración o seguridad aeronáutica, con especialidades en policía militar, contraguerrilla, paracaidismo y administración.

En 1984 se estableció como uno de los requisitos de ingreso a la Escuela, haber cursado estudios de bachillerato completo, aunque para la especialidad de Infantería siguió existiendo la posibilidad de ingresar sin haberlo terminado. Se organizó entonces en la Escuela el Colegio Nocturno de Bachillerato, con el fin de nivelar los estudios académicos, tanto del personal civil como del personal militar en formación. Al colegio tenían acceso los alumnos militares que habían cursado cuarto y quinto de bachillerato al ingresar a la Escuela y los empleados civiles y personal del municipio de Madrid que deseaban aprovechar la institución educativa para terminar sus estudios de bachillerato. No obstante, esta figura desapareció dos años después.

Con el ingreso de alumnos bachilleres, la Escuela de Suboficiales dio el gran paso de una educación no formal, con programas académicos homologados al bachillerato técnico en las diferentes ramas del mantenimiento aeronáutico, a una Escuela de Suboficiales de Educación Superior. Este cambio de filosofía obedeció fundamentalmente al desarrollo aeronáutico en Colombia y el mundo, motivado por el paso de aviones de motor a pistón a aviones de motor a reacción. Se sumó a ello la implementación en la aviación de sistemas hidráulicos, neumáticos, eléctricos, de comunicaciones y, con ello, la necesidad de perfeccionar sistemas de seguridad y formar profesionales que estuvieran en capacidad de interpretar los cambios tecnológicos presentes y futuros en el campo de la aeronáutica.

En 1992 se obtuvo la licencia de funcionamiento de la Escuela como Institución Tecnológica y el plan inicial de estudios, previsto para un período de cinco semestres, se amplió a seis, en concordancia con el tiempo de duración del suboficial en la Escuela y las sugerencias del ICFES. El futuro suboficial-alumno no solo estaría capacitado en mantenimiento de aeronaves, sino en el diseño de nuevos modelos tecnológicos con proyección en la industria de componentes aeronáuticos como metalmecánica, fundición, soldadura y aeropartes.

Dos años después, se inició el proceso de graduar los primeros tecnólogos aeronáuticos en Colombia. Se establecieron los primeros convenios interinstitucionales en cuanto a educación superior para la capacitación, actualización y proyección de los docentes, y se reestructuró el área tecnológica de los programas curriculares con las especialidades de mantenimiento aeronáutico, electrónica aeronáutica, tecnología aeroindustrial, administración aeronáutica, control de tránsito aéreo y seguridad, dándole más solidez al proceso de formación de los tecnólogos aeronáuticos.

La acreditación de alta calidad, otorgada por el Ministerio de Educación Nacional a cinco de los seis programas tecnológicos de la Escuela de Suboficiales en 2006, la convirtió en punta de lanza de las iniciativas relacionadas con educación superior dentro y fuera de la Fuerza Aeroespacial, además de ser la plataforma para, cinco años después, alcanzar la acreditación institucional. Como parte del proceso académico y de formación, los alumnos de todas las especialidades tienen la oportunidad de asistir a los cursos dictados por la Inter-American Air Forces Academy, IAAFA v, en San Antonio, Texas, Estados Unidos.

A 2017, habían egresado de ESUFA 89 cursos regulares de suboficiales, 11 de escalafonamiento y 25 del cuerpo administrativo. Al siguiente año se estandarizó la designación numérica, graduándose los cursos 91 Regular, Curso 91SCA Cuerpo Administrativo y Curso 91CES Cuerpo de Escalafonamiento.

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Base Aérea Brigadier General (Honorario) Camilo Daza Álvarez

En los inicios de la aviación en Colombia, un joven piloto aventurero en un Caudron G3 realizaba vuelos de observación con el fin de descubrir campos de aterrizaje en el país. Para no lesionar a los curiosos espectadores cuando aterrizaba en un potrero vecino a Cúcuta, accidentó su preciada aeronave contra un cerezo. “Seguiremos adelante”, Camilo Daza (1898-1975).

En septiembre de 1932 se dio inicio al Servicio de Transporte Militar en Colombia, cuando un monomotor Junkers F-13 transportó por primera vez hacia el sur del territorio nacional al coronel Luis Acevedo y a su comitiva. Durante el conflicto con Perú, estas misiones de transporte se volvieron frecuentes en aeronaves Junkers W-34/JU-52 presidencial y Cóndor BT-32.

Doce años más tarde, se consolidó el Escuadrón 101 de Transporte en la Base Aérea de Madrid, Cundinamarca, dependiente del Comando de la Fuerza Aeroespacial. Este Escuadrón, que además de los Junkers y Cóndor, contaba con aviones Lodestar C-60 y Skytrain C-47, se consolidó como cuna del transporte militar a partir del “Bogotazo” (9 de abril de 1948), cuando se estableció un puente aéreo para transportar hacia la capital tropas provenientes de diferentes partes del país.

En 1954, el éxito del recién creado Escuadrón de Enlace en el Aeropuerto de Techo, en Bogotá, condujo al nacimiento del Grupo de Transporte Aéreo Militar, que alcanzó la categoría de Base de Transportes en 1959. El Comando de la Fuerza Aeroespacial Colombiana ordenó el traslado de la Unidad a las instalaciones del Aeropuerto El Dorado, mientras se terminaban las obras de la futura Base Aérea, donde iniciaría operaciones en 1963, en calidad de Comando Aéreo de Transporte Militar, CATAM. Nueve años después, la Base Aérea recibió el nombre del pionero, piloto, mecánico, empresario y oficial de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, Camilo Daza.

En 1968, llegaron los dos primeros aviones Hércules C-130B para misiones de transporte de personal, carga y operaciones aerotransportadas (paracaidismo militar), entre otras, permitiendo a la Fuerza operar en pistas cortas y no preparadas, algo muy característico en la mayoría de aeródromos en Colombia, en esa época. En los años ochenta y noventa aumentó la flota de C-130 con versiones H/B, lo cual incrementó la movilización de tropas de superficie y material logístico desde CATAM hacia los teatros tácticos, contribuyendo al éxito en la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla. Así mismo, se fortalecieron las misiones de ayuda humanitaria, que se venían realizando desde la década de los sesenta con los aviones Skytrain C-47 y Sky Master C-54.

En 1983, Korean Airlines vendió a la Fuerza Aeroespacial Colombiana un Boeing modelo B-707-373 en versión comercial y carga. La aviación militar colombiana contaba con el primer avión de transporte pesado y de largo alcance, utilizado también como avión presidencial. En 1990, fue enviado a Israel para conversión a tanquero KC-137. Zeus, como se bautizó, permitió extender la autonomía de los aviones de combate Mirage M-5, Kfir C-7 y Dragon Fly A-37. En 2010, fueron ampliadas estas capacidades con la compra del Boeing KC-767-200, conocido como Júpiter, alguna vez operado por Air China, proporcionando una notable proyección regional y global en misiones de transporte y ayuda humanitaria.

Se han creado puentes aéreos para apoyar zonas afectadas por desastres naturales u otras amenazas dentro del territorio nacional, como Armenia, Ituango, Mocoa, Punta Gallinas, Popayán y Tibú, entre otras. A su vez, diferentes naciones han sido objeto de la solidaridad que el Estado Colombiano ha brindado a través de CATAM, entre ellas: Brasil, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, Guatemala, Haití, Jamaica, Japón, México, Panamá, Perú, Puerto Rico, San Martín y Siria.

A partir de febrero de 2003, la Base Aérea realiza misiones de transporte aeromédico, con aeronaves en configuración medicalizada Nurtanio CN-235; posteriormente, se suman el Súper King 350, Casa C-295 y C-130, a bordo del cual se practicó la primera cirugía en vuelo en el país sobre la ruta Tres Esquinas-Bogotá. En 2018, CATAM transportó el paciente número 20 mil en aeronaves de la Fuerza Aeroespacial Colombiana.

A comienzos de la primera década de 2000, la Unidad adquirió capacidad de Visores Nocturnos, NVG, para operar los equipos Hércules C-130, CN-235 y C-295 en cualquier aeródromo del país sin iluminación. Lo anterior permitió desarrollar todo tipo de operaciones las 24 horas del día. Adicionalmente, con la adquisición del sistema MAFFS II, adaptado al equipo C-130, la Fuerza se convierte en una potencia regional para combatir incendios forestales de gran magnitud.

A lo largo de 75 años, una amplia variedad de aeronaves se ha sumado al parte aeronáutico del Comando Aéreo de Transporte Militar, entre ellas: Lodestar C60A, Catalina PBY5, Expediter C-45, Aero Commander L-26, Fellowship F-28, Beechcraft C-90, Casa C-212-200, Turbo Commander 690D, Citation II, BBJ-737-700 presidencial, Boeing 727 C-22B, Boeing C-40, Learjet LJ-60, Legacy MB-135 y King Air 300/C-90.

CATAM es responsable de una de las funciones más importantes de la Fuerza Aérea Colombiana, el transporte del Presidente de la República, su familia y funcionarios del Gobierno Nacional, misión que comenzó en 1932 con un Junkers JU-52. Así mismo, la base es la puerta de entrada de importantes personalidades extranjeras, tales como, mandatarios y sumos pontífices en visitas oficiales al país.

Adicionalmente, su presencia en el mundo como embajadora de Colombia ha sido muy activa con vuelos presidenciales y otras misiones de transporte de carga y personal, vuelos vip, visitas oficiales, vuelos humanitarios o ejercicios operacionales, además de su participación en Ferias Aeronáuticas Internacionales y expediciones científicas, entre otras actividades. Las tripulaciones de CATAM se han certificado para realizar vuelos transoceánicos y misiones polares. Como consecuencia, más de 70 países en los cinco continentes han sido plataformas de aterrizaje de las aeronaves de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, donde los símbolos patrios y emblemas institucionales han dejado huella.

CATAM ha materializado el objetivo de alcance global de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, cumpliendo misiones en lugares tan extremos como Kulusuk, Groenlandia; isla Rey Jorge en la Antártida; Manila, Filipinas, y Lattakia en Siria. Esta gran capacidad de transporte multiplica la movilidad de la Fuerza Pública y entidades del Estado, que en un año ha alcanzado cifras de 240 mil personas y 14 mil toneladas.

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Escuela de Postgrados Capitán José Edmundo Sandoval

Enclavado en las montañas del Cauca, Santander de Quilichao vio nacer a uno de los oficiales de mayor reconocimiento académico en la historia de la Fuerza. Gracias a su trayectoria profesional y desempeño académico, el capitán José Edmundo Sandoval proyectó el uso de la física nuclear y la implementación de programas de medicina nuclear para beneficio de los colombianos. Desde su fallecimiento en 1966, a temprana edad, se ha convertido en referente e inspiración para quienes desde las aulas potencializan su talento intelectual.

Como respuesta a los significativos cambios del ámbito aeronáutico tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, la Fuerza Aérea Colombiana comprendió la necesidad de capacitar a los oficiales de grados Teniente y Capitán, con el fin de fortalecer sus capacidades, habilidades y destrezas. Por tanto, a principios de la década de los cincuenta, la Fuerza realizó los primeros cursos de ascenso de oficiales subalternos, dictados en el Comando de la Fuerza, en disciplinas tales como aviación militar, doctrina básica, ciencias básicas, ciencias militares, investigación, ciencias administrativas, ciencias sociales humanísticas e idiomas, basadas en las doctrinas recibidas en la Universidad del Aire en los Estados Unidos. Posteriormente, fueron dictados en la Base de Madrid y, para los grados de Capitán y Mayor, en la Escuela Superior de Guerra.

En 1960 se creó el Instituto Militar Aeronáutico Capitán Andrés M. Díaz, asignándole las instalaciones del antiguo Aeropuerto de Techo. No obstante, por temas presupuestales, inició actividades tres años después. Entre 1971 y 1982 se traslada la capacitación de los oficiales a la Escuela Militar de Aviación, y al finalizar esta época pasa a ser el Instituto de Capacitación para Oficiales, ICAPO, en el Comando Aéreo de Transporte Militar, CATAM, Bogotá.

En 1982, retoma su nombre de Instituto Militar Aeronáutico e inicia la educación virtual, liderando a la Fuerza Pública en el país y convirtiéndose en una alternativa a la tradicional
educación presencial. El programa de pregrado en Administración Aeronáutica, aprobado y avalado por el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior, ICFES, en
marzo de 1992, posicionó al IMA como Instituto de Educación Superior, y el mismo año, la
Asociación Colombiana de Facultades de Administración le otorgó la calidad de Miembro de Número. Dos años después, el IMA se trasladó a las nuevas instalaciones de la Escuela Superior de Guerra en el Cantón Norte de Bogotá. Al iniciar el nuevo milenio, el IMA recibió del Ministerio de Educación el reconocimiento como institución universitaria, con facultades
de adelantar programas de especialización, y el registro calificado a las especializaciones de logística aeronáutica y gerencia de seguridad aérea. Así mismo, el Instituto Colombiano de Normas Técnicas, ICONTEC, certificó al Instituto en la prestación de servicios de educación superior en postgrados, capacitación en especialidades y cursos de extensión en el área militar aeronáutica para oficiales, suboficiales y personal del sector aeronáutico.

El constante avance en la calidad de los programas ha promovido la expansión de su oferta académica, que abarca a los integrantes de la Institución, personal retirado, estudiantes provenientes de universidades privadas y la Fuerza Pública, logrando para 2019 contar, además de los dos cursos regulares de ascenso, con seis diplomados, dos cursos en seguridad operacional y operaciones de paz y cuatro maestrías.

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Base Aérea Teniente Coronel Luis Francisco Pinto Parra

La mística del azul que denota el cielo, la verdad y la lealtad, inspiraron al teniente coronel Luis Francisco Pinto Parra a instituirlo como color distintivo de la Fuerza, reflejado en el uniforme, el escudo y el estandarte, símbolos que la distinguen y hacen parte de la identidad de quienes la integran.

El helicóptero llegó por primera vez a Colombia en 1952, cuando el Ministerio de Obras Públicas lo adquirió para controlar y supervisar trabajos que se adelantaban en la construcción del ferrocarril del Atlántico.

Inicialmente, llegaron de los Estados Unidos helicópteros Hiller OH-13, Raven OH- 12 y Bell OH-23, que operaron en la Base Aérea de Palanquero, época en que el Gobierno decidió crear la primera base de helicópteros en Melgar, Tolima.

En esa década la situación de orden público en el Tolima fue muy crítica. La naciente Escuela de Ala Rotatoria, que concentraba todos los helicópteros de la Fuerza, tuvo que combinar las misiones de entrenamiento con las de reconocimiento, enlace, búsqueda y rescate, evacuación aeromédica y abastecimientos. En noviembre de 1954 se concluyó la pista de aterrizaje, ampliando la capacidad operativa de la unidad, y a mediados de los sesenta, con la llegada de los primeros helicópteros medianos –Huskie HH-43B e Iroquois UH-1B–, se elevó la unidad a la categoría de Comando Aéreo de Apoyo Táctico No. 1, CAATA 1.
La salida de servicio de los Hiller y los Bell hizo necesaria la reposición y modernización progresiva del equipo de entrenamiento y apoyo táctico con nuevos helicópteros Cayuse OH-6A, Huey UH-1H/N, Osage TH-55A, H-300 (entrenamiento), Bell 205, Defender MD-500, Rapaz AB-212, Falcon F-28, Black Hawk UH-60, Ranger B-206 y Creek TH-67.

En diciembre de 2001, siendo Comando Aéreo de Combate No. 4, recibe una dotación de 17 UH-1H, materializando la primera entrega de equipo dentro del Plan Colombia. Al año siguiente, se creó la Escuela Conjunta de Helicópteros de la Fuerza Pública que, en 2003, pasó a denominarse Escuela de Helicópteros para las Fuerzas Armadas (EHFAA). cacom-4 ha sido, por tradición, pilar en la formación de pilotos, tripulantes y personal de mantenimiento de ala rotatoria para Colombia. A partir de la creación de la Escuela, se han graduado más de 7.000 pilotos colombianos y de otras naciones, como Costa Rica, Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay. La Escuela, hoy centro de entrenamiento internacional, es catalogada como la mejor en América Latina por su organización, instalaciones, tecnología de punta, calidad de los programas, simuladores de vuelo únicos en esta parte del continente y sus calificados instructores, que promueven la innovación, desarrollo de métodos y técnicas de instrucción.

A partir de 1995, con la descentralización de estas aeronaves de la Base de Melgar a unidades como CACOM 1, CACOM 2, CACOM 3 y EMAVI, el empleo de los helicópteros y el despliegue operacional cambió la planeación y ejecución de las operaciones, dando a la Fuerza Aeroespacial Colombiana mayor movilidad y oportunidad en la respuesta, así como capacidad de reacción y fuego. Por ejemplo, el asalto a posiciones del enemigo pasó del interminable tránsito por las montañas a operaciones aeromóviles con insuperable precisión, los abastecimientos dejaron de ser lanzados en bultos desde el aire para ser descargados directamente en tierra.

Es de recordar la notable participación del CACOM 4 en las operaciones ofensivas Soberanía, para la recuperación de Marquetalia, entre Tolima y Cauca; Colombia, en La Uribe, Meta, donde se expulsó de Casa Verde al estado mayor y secretariado de las FARC; Nuevo Horizonte y Yesenia, para bloquear el corredor de movilidad del enemigo; y Aurora, Espartaco, Felino y Escudo para debilitar los frentes guerrilleros en Huila y Tolima.

La versatilidad de los helicópteros militares se ha demostrado en respuesta a diversas amenazas y en operaciones de ayuda humanitaria. En 1985, luego de la avalancha producida por la erupción del volcán nevado del Ruiz en Armero, Tolima, helicópteros y tripulaciones de la Fuerza Aeroespacial realizaron vuelos estacionarios para ubicar, extraer y evacuar a miles de víctimas.

A esta catástrofe y otras, como la del río Páez en 1994, se unen innumerables misiones de apoyo a la comunidad y nuevas capacidades para las operaciones militares, destacándose la extinción de incendios forestales con el sistema Bamby Bucket; monitoreo y vigilancia vulcanológica; operaciones de salvamento y rescate, SAR-CSAR; perifoneo aéreo; y K DUCK, entre otras.

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Base Aérea Capitán Luis Francisco Gómez Niño

Miembro de la primera escuadrilla de la entonces nombrada Flotilla Aérea del Sur, el capitán Luis Francisco Gómez Niño entregó su vida en servicio de la nación, al ser de uno de los primeros aviadores en establecer un puente de comunicación entre la capital y las zonas distantes del país.

Sede del Comando Aéreo de Combate No. 2, CACOM 2, ubicada en la vereda de Apiay, Meta, fue creada en 1947 inicialmente como Aeródromo Nacional de Apiay y pista auxiliar de la Base Aérea de Madrid.

Con aviones AT-6 y, posteriormente, T-34, proporcionaba entrenamiento avanzado a los pilotos graduados en la Escuela Militar de Aviación. La Base adquirió la categoría de Base Principal en 1959, a raíz del traslado del Escuadrón de Bombardeo compuesto por aviones Invader B-26, procedentes de Palanquero. Desde esa época y por su ubicación estratégica, Apiay ha conducido operaciones ofensivas en el oriente colombiano.

En la década de los setenta, las misiones encomendadas a la Base se ampliaron al asignarle la tarea primordial de formar pilotos de combate, trasladando allí los aviones Silver Star T-33 y Tweet T-37 desde Palanquero, iniciando en Apiay la era del jet. Esta nueva capacidad elevó su categoría a Comando Aéreo de Combate.

Apiay, como base de lanzamiento de diversas aeronaves, Skytrain C-47, Expeditor C-45, Beaver U-6A, Fantasma AC-47T, Bronco OV-10, Pucará IA-58, Tucano T-27, Schweizer SA-237A, Súper Tucano A-29, Black Hawk UH-60, Arpía AH-60, Citation SR- 560, CASA 212 y Caravan C-208, así como aeronaves remotamente tripuladas, fue decisiva en el esfuerzo principal contra la organización narcoterrorista FARC, ha integrado el territorio nacional y sus comunidades y continúa desarrollando operaciones contra amenazas como el narcotráfico y la minería ilegal.

Igualmente, Apiay ha sido unidad líder en el desarrollo de operaciones conjuntas y coordinadas con la aplicación del poder aéreo como fuerza decisiva en la resolución del conflicto interno. Articulada con la Fuerza de tarea OMEGA y otras instituciones del Estado, logró importantes éxitos operacionales para apoyar la estrategia militar. Operaciones como Colombia, para la toma de Casa Verde; Vuelo del Ángel, para la recuperación de Mitú; Gato Negro, contra alias “El negro Acacio”; Relámpago, para contrarrestar la toma de Puerto Rico y Puerto Lleras; Delta y Tora, para la recuperación de la zona de distensión; Camaleón, para el rescate de secuestrados en poder de las FARC; Sodoma, contra el líder militar de las FARC, alias el “Mono Jojoy”; Odiseo, para neutralizar al máximo líder de las FARC, alias “Alfonso Cano”; y Júbilo, contra el cabecilla principal del Clan del Golfo, son solo una muestra de la oportunidad, precisión y contundencia de la Fuerza, representada en la fusión del hombre y la tecnología.

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Base Aérea Capitán Ernesto Esguerra Cubides

Conocida como la Base Aérea de Tres Esquinas, está situada en la margen oriental del río Orteguaza, a tres kilómetros de su desembocadura en el Caquetá y muy cerca de la población de Solano. Sede del Comando Aéreo de Combate No. 6, fue establecida en 1935, cuando el Gobierno Nacional vio la necesidad de crear una Base estable y definida en el sur, para reemplazar las bases auxiliares de Puerto Boy, Caucayá, Puerto Arica y Potosí sobre el río Putumayo, que funcionaron desde el conflicto con Perú.

Teniendo en cuenta la falta de infraestructura en la región, su misión estuvo orientada al servicio de transporte aéreo con aviones Skytrain C-47, Beaver L-20, Expeditor C-45, sin descuidar el entrenamiento de tripulantes y contingentes de soldados; también, a la educación de niños de la región; además de facilitar a nativos y colonos herramientas, semillas y fungicidas, constituyéndose en punto vital de esta zona del país.

Gradualmente le fueron asignadas nuevas tareas y en 1956, estaba en condiciones de cumplir funciones propias de un Comando Aéreo Logístico. A partir de 1986, Tres Esquinas fue sede del Grupo Aéreo Operativo del Sur, GASUR, con operaciones aéreas de contrainsurgencia. En 2002, se convirtió en Comando Aéreo de Combate No. 6, enfrentado difíciles situaciones de orden público, en las que se emplearon, entre otras, aeronaves Fantasma AC-47T, Tucano T-27, Bronco OV-10, Dragon Fly A-37, Schweizer SA2-37B, Súper Tucano A-29B, Casa C-212, Huey UH-1H, Rapaz B-212 y Black Hawk UH-60A/L. Posteriormente, con el establecimiento de Sanidad Militar, fortaleció su labor humanitaria, proporcionando servicios médicos con aviones Caravan C-208.

Con el propósito de conducir operaciones ofensivas de contraguerrilla y control del narcotráfico en los departamentos del Caquetá, Putumayo, Meta y Guaviare, se creó en 1998 la Fuerza de Tarea Conjunta del Sur, integrada por unidades del Ejército, Armada, Fuerza Aeroespacial y Policía Nacional, siendo su centro de operaciones CACOM 6, organización que se mantuvo por cinco años.

El CACOM 6 hace parte del sistema de defensa aérea nacional y con modernos equipos, entre ellos un sistema de Aeronaves Remotamente Tripuladas, art, para el levantamiento de imágenes, es activo estratégico militar fundamental para la neutralización de amenazas emergentes. Lidera y participa en importantes operaciones conjuntas, coordinadas e interagenciales dirigidas a neutralizar el accionar de grupos armados organizados, combatir el narcotráfico y contrarrestar los efectos de delitos ambientales, como la deforestación y explotación ilícita de yacimientos minerales, a través de la conformación de la “Burbuja Ambiental”, sistema de monitoreo para prevenir, controlar y vigilar focos de tala ilegal de árboles, además de vuelos para reforestación aérea con bombardeos masivos de semillas.

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Base Aérea Marco Fidel Suárez

Profesor, escritor, estadista, diplomático y humanista, dirigió los destinos de la nación en una época de convulsiones y limitaciones, momento en el cual aparecía la aviación como sinónimo de desarrollo y promesa de cambio. Marco Fidel Suárez, un hombre idealista y soñador, sustentó propósitos excelsos y propició empresas de mayor cuantía y aliento, muestra de ello y haciendo eco a las reflexiones consignadas en su libro Sueños de Luciano Pulgar, el 31 de diciembre de 1919, sancionó la Ley 126 que dio vida a la Fuerza Aeroespacial Colombiana.

Si bien la historia de la Escuela Militar de Aviación se inició en 1920, en Flandes, Tolima, la base donde hoy opera tiene sus orígenes al término del conflicto colombo-peruano en 1933, cuando el Gobierno Nacional dispuso el traslado de la Escuela, que funcionaba en Madrid, Cundinamarca, a Cali, Valle del Cauca, en predios de la hacienda “El Guabito”. La Escuela, que comenzó actividades en septiembre de 1933 con 20 alumnos integrantes del curso No. 3, graduó en diciembre del mismo año los primeros pilotos, contando hasta 1935 con la asesoría de una misión aérea alemana. Posteriormente, llegó una misión cubana, que permaneció poco tiempo, y a fines del mismo año se contrató una misión norteamericana, que finalizó en 1936, quedando toda la preparación y operación de la aviación militar en manos de instructores colombianos. En esa época la Escuela contaba con aviones de entrenamiento Fledgling J-2, Wild X y Trainer MK-1 y los aspirantes a aviación pasaban primero por la Escuela Militar de Cadetes del Ejército y en el último año eran transferidos a la de Aviación para los estudios de pilotaje.

La década de los cuarenta inició con cambios significativos, uno de ellos la incorporación de aspirantes desde el inicio de su formación militar. Así mismo, se renovó el material aeronáutico con la adquisición de los aviones de entrenamiento Husky PT-11C, Texan AT-6, Kaydet PT-17, Cornell PT-19 y Valiant BT-15. En la década de los cincuenta llegaron los Rawdon T-1 y Mentor T-34 y, a fines de 1968, arribaron los aviones de entrenamiento Mescalero T-41. En esa misma década, se creó el Grupo Acrobático “Águilas Negras”, conformado por dos escuadrillas de Mentor T-34, aeronaves que fueron modernizadas en el programa Peace Mentor y operaron hasta 2013, un año después de que los Calima T-90 asumieran la instrucción primaria de pilotos.

El programa de estudios de 1947 a 1955 comprendía materias como reglamento militar, historia, oratoria, geografía de Colombia y el mundo, inglés, armamento, táctica, matemáticas, álgebra, geometría y otras relacionadas con el vuelo, entre ellas navegación,
lectura de cartas, topografía, radiocomunicaciones, derecho aéreo y sistemas de los aviones. La instrucción de los pilotos se fue tecnificando cada vez más, alcanzando los niveles académicos del sistema universitario en el país.

En los años cincuenta, se introducía al país la aviación a reacción, motivando la creación de programas académicos para los pilotos militares. Por tanto, se impuso como requisito que los aspirantes a cadetes fueran bachilleres. Los programas de estudio se actualizaron una vez más en 1959, cuando el Comando de la Fuerza Aeroespacial Colombiana revisó los sistemas y programas de la Academia del Aire de los Estados Unidos y la Escuela Superior de Aerotécnica de la Fuerza Aérea Argentina. También se solicitó colaboración y asesoría a algunas universidades colombianas, especialmente la de los Andes, en Bogotá, y se contrató un grupo de profesores universitarios que comenzó labores en 1960. La formación de cadetes con el nuevo plan de estudios tenía una duración de cuatro años, divididos en tres períodos, y materias como instrucción militar, álgebra, trigonometría, química, dibujo, humanidades, inglés, cálculo, geometría, castellano, geopolítica, economía, tecnología mecánica, sociología, administración, mecánica analítica y de fluidos, resistencia de materiales y termodinámica. Así mismo, se impartía instrucción en especialidades de pilotaje, navegación, bombardeo, comunicaciones, meteorología y aerofotografía, mantenimiento, abastecimiento, armamento y defensa de bases. Estos cursos cambiaron paulatinamente y a finales de la década se estudiaba además aerodinámica, instrumentos negociables, aeropuertos, moneda y banca, derecho penal militar, administración pública y diseño de estructuras.

En 1968, el Ministerio de Educación aprobó los primeros programas de pregrado, dándole a la Escuela carácter de institución universitaria y se efectuaron transferencias de alumnos a varias universidades en todo el país. Desde 1971, a raíz de la desactivación del Instituto Militar Aeronáutico, la Escuela asumió los cursos de capacitación para ascenso a capitán y mayor, hasta 1982, cuando el Instituto fue reactivado en Bogotá como unidad docente independiente.

Los primeros oficiales profesionales incorporados en 1958, se agruparon inicialmente en el denominado cuerpo logístico, que posteriormente se complementó con el cuerpo administrativo, vinculando a la mujer en 1979, época en que se generalizó mundialmente la participación de género en diversos escenarios y roles profesionales. El nuevo milenio vio graduar a las primeras pilotos, navegantes y especialistas del cuerpo de vuelo de la Fuerza Aérea, integrantes del Curso Regular No. 73, quienes, en 2018, al adelantar el curso de Estado Mayor y ascender al grado de teniente coronel, se proyectan como comandantes y líderes de los cargos que tradicionalmente solo fueron ocupados por hombres.

El arte del vuelo a vela se inició en 1976, cuando se adquirió el planeador Schweizer con el fin de motivar y familiarizar a los cadetes con el vuelo. Siete años después llegaron dos planeadores Rumanian Lark, como parte de la etapa prevuelo en los cursos de pilotaje, que se reforzaría en 2017 al adquirir dos planeadores acrobáticos Perkoz SZD-54-2. A finales de los años setenta, en cumplimiento del Plan Colibrí, procedentes de la Base de Melgar, arribaron los helicópteros Osage TH-55 para conformar el nuevo Escuadrón de Entrenamiento de Helicópteros, retornando a su base de origen en 1992.

En 1995, con el propósito de mejorar la formación de cadetes y alféreces en todas las áreas, se modificaron los programas académicos y la permanencia de tres años como alumno se extendió a cuatro, previa aprobación del ICFES, con el fin de otorgar a los graduados el título profesional de Administradores Aeronáuticos. Progresivamente, se dio comienzo a la oferta educativa vigente de pregrado en ingeniería mecánica, ingeniería informática y ciencias militares aeronáuticas. Evolución que ha brindado a los futuros oficiales de la Fuerza conocimientos, herramientas y una formación competitiva para afrontar los retos que el país y el mundo aeronáutico exigen. Los exitosos resultados, que evidencian la calidad del sistema educativo, propiciaron en 2018 su acreditación institucional en Alta Calidad Académica, por parte del Consejo Nacional de Acreditación.

Con ese panorama y el interés institucional de estar a la vanguardia en ciencia y tecnología, la Escuela se ha consolidado como referente al implementar iniciativas en diferentes ámbitos del sector aeroespacial. Como resultado, con intervención de cadetes, oficiales y profesionales de diversas áreas, se gestaron los primeros estudios relacionados con Aeronaves Remotamente Tripuladas en el CITA, Centro de Investigación Tecnológica Aeronáutica, creado en 2002, que luego sería CITAE, Centro de Investigación de Tecnología Aeroespacial. A lo largo de casi dos décadas, los proyectos allí desarrollados permitieron que la Escuela incursionara en la carrera espacial al convertirse en la estación de operación terrena del nanosatélite facsat-1, puesto en órbita en 2018. Actividad con fines de investigación formativa para los cadetes que cursan los programas de pregrado, quienes tendrán la posibilidad de acceder a estas tecnologías.

Desde sus inicios y hasta 2013, año en que se creó el Comando Aéreo de Combate No. 7, la base, además de ser responsable de la formación de los futuros oficiales, también llevó a cabo operaciones aéreas en el suroccidente del país, incluyendo los departamentos de Cauca, Valle y Nariño, debilitando y desarticulando grupos narcoterroristas que delinquían en esa área, así como brindando asistencia humanitaria, realizando misiones de evacuación y traslado aeromédico, vigilancia en atención y prevención de desastres y extinción de incendios forestales. Para ello, contó con aviones Fantasma AC-47T, Schweizer SA2-37B, Merlín SR-26, Casa C-212, Cessna C-310R, y helicópteros AH-60L Arpía y UH-60L Ángel.

Para 2017, habían egresado de la Escuela Militar de Aviación 90 cursos de oficiales, 18 del cuerpo extraordinario y 41 del cuerpo administrativo. Al año siguiente, desaparece la incorporación del cuerpo extraordinario y se estandariza la designación de los cursos regulares y administrativos, graduándose el curso 91.

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Base Aérea de Buenaventura

Corría el año 1933 y el conflicto con Perú se hallaba en su apogeo. La casi totalidad del esfuerzo bélico nacional estaba concentrada en el teatro de operaciones del sur, en la región amazónica, y nuestras costas se encontraban desprotegidas.

Esta situación facultó al Ministerio de Guerra para crear, en ese año, la Base Aérea del Pacífico en Buenaventura. Sus instalaciones fueron los modernos edificios, rampas y hangares construidos años atrás por SCADTA, que tenía allí su centro de operaciones para el cubrimiento de las rutas en esa zona. Eran predios estratégicamente ubicados sobre una pequeña saliente de la selva, en el extremo norte de la bahía porteña. Lo intrincado de la maleza en esa época, hizo que las únicas vías eficaces para salir y llegar al puerto fueran la acuática y aérea.

La misión de la Base consistía en patrullar toda la Costa Pacífica, la protección especial del puerto de Buenaventura y prevenir supuestas incursiones por parte de unidades navales del Perú. Desde el comienzo se dispuso material volante integrado por aviones Junkers W-34/K-43, Dornier Wal Do-J y Commodore P2Y-1, conocido como sesquiplano.

A comienzos de 1934, la Unidad se reorganizó y pasó a depender de la Escuela Militar de Aviación en Cali. Posteriormente, sufrió otra reorganización y empezó a depender de la Dirección de Aviación Militar, hoy Comando de la Fuerza Aeroespacial Colombiana.

Lo inhóspito de la selva, el recio clima, la insuficiencia de agua potable, las grandes fluctuaciones entre las mareas, la grave e interminable situación económica que atravesó el país después de la guerra con el Perú y un voraz incendio provocado por un corto circuito que arrasó buena parte de las instalaciones, hicieron presentir el final. A pesar de todos los obstáculos se continuó laborando arduamente por más de 10 años.

En junio de 1949, el alto mando de la Institución determinó el cierre total de la Base y el traslado de su personal y material volante a Palanquero. Las instalaciones fueron ocupadas por la Armada Nacional y, posteriormente, unidades del Batallón Caldas de Ingenieros del Ejército las adecuaron para entregarlas a la Infantería de Marina.

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Base Aérea de Cartagena

La Base Aérea de Cartagena fue creada en 1932 y funcionó en las instalaciones que en 1920 estableciera la Compañía Colombiana de Navegación Aérea, primera compañía de aviación comercial en nuestro país y en el mundo, con una rudimentaria pista de aterrizaje en lo que hoy corresponde a la famosa avenida San Martín. Fue activada definitivamente, dependiendo de Palanquero, a raíz de los rumores de que una fuerza naval peruana compuesta por el crucero “Almirante Grau” y los submarinos R-1 y R-4, habían partido de este país con rumbo norte, a fines de 1933, para cruzar el Canal de Panamá el 3 de mayo siguiente, lo cual hizo suponer que Cartagena iba a ser atacada y bombardeada.
La Unidad, donde tenía asiento la Escuadrilla Aeronaval del Atlántico, fue dotada con aviones anfibios Hamilton H-45, Commodore P2Y-1, sesquiplano, y Falcon F-8, con la responsabilidad de explorar todas las costas del litoral atlántico y cumplir misiones de reconocimiento armado.

Para fortuna de Colombia y de la Heroica, el propósito de aquella fuerza naval no era precisamente bombardear ninguna ciudad costera. El crucero y los submarinos pasaron de largo haciendo escala en Curazao, para alcanzar las bocas del Amazonas, remontar el río y enfrentar a la flota fluvial colombiana.
Esta base aérea naval se reorganizó formalmente en 1934, durante el Gobierno del presidente Alfonso López Pumarejo, confirmando la organización de las Bases Aéreas de Buenaventura y de Cartagena. La del Pacífico sobrevivió y la de Cartagena se desactivó a finales de 1936.

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Base Aérea Capitán Germán Olano

El capitán Germán Olano ingresó a la vida militar desde los trece años, haciendo del pilotaje un objetivo que cumplió en el exterior. Siendo Cónsul General de Colombia en Nueva York, su patriotismo jalonó la consecución de aviones, repuestos, buques, armamentos y pertrechos para las Fuerzas Militares con ocasión de la invasión peruana a Leticia. En 1934, fue nombrado Director General de Aviación, forjando las bases de lo que años después sería la Fuerza Aeroespacial Colombiana.

La Base, sede del Comando Aéreo de Combate No. 1, CACOM 1, ubicada en Puerto Salgar,
Cundinamarca, desde su origen en 1933, ha estado íntimamente relacionada con los inicios
y desarrollo de la Fuerza Aeroespacial Colombiana. Es una de las más importantes del país, manteniéndose a la vanguardia como base de lanzamiento de las aeronaves de combate más modernas. Conocida como Palanquero, a partir de 1954, fue la primera en recibir aviones turborreactores Silver Star T-33 (entrenamiento), AT-33 (ataque) y RT-33 (reconocimiento y aerofotografía); posteriormente, Shooting Star F-80 (combate) y Sabre F-86 (combate).En 1972, con la adquisición de los Mirage M-5 (cazabombarderos), llegó la aviación estratégica supersónica a la Fuerza Aeroespacial Colombiana, capacidad que se fortaleció en 1989 con los Kfir C-2/C-7/C-10/C-12 (cazabombarderos). Algunas de estas aeronaves arribaron modernizadas a “tercera generación”, las demás se modificaron, junto con algunos M-5, en el Comando Aéreo de Mantenimiento, CAMAN, actualizando su aviónica y sistemas de armas, dotándolas de capacidad para reabastecimiento en vuelo y entrega automática de armas.

Estas capacidades son resultado del legado de los pioneros que, en 1932, con el estallido del conflicto con Perú en el sur del país, impulsaron la idea de establecer una base aérea en un punto estratégico del centro de la nación. Para entonces, Palanquero, una inmensa hacienda junto al río Magdalena, había sido adquirida y transformada en aeródromo por la aerolínea SCADTA, como escala para los hidroaviones Junkers W-34 y JU-52, y base de aviones que servían a Bogotá.

Palanquero ha participado en importantes operaciones para la defensa de la soberanía y la integridad del territorio, el restablecimiento del orden público y la seguridad de los colombianos, desarrollando las misiones de más alto impacto dentro de las capacidades de la Fuerza: ataque estratégico, defensa aérea, interdicción y apoyo aéreo cercano, vigilancia y reconocimiento armado, guerra electrónica, inteligencia aérea, reabastecimiento en vuelo y operaciones sicológicas, entre otras.

En 2012, la Unidad marcó un hito en la historia de la Fuerza al participar con el Escuadrón Kfir 111 en el ejercicio internacional de combate simulado más importante del mundo, Red Flag, despliegue operacional fuera de las fronteras; una misión expedicionaria apoyada por dos aviones cisterna, con la cual materializó la visión de interoperabilidad y alcance global que le permitirían operar junto a cualquier fuerza aérea de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN.

La experiencia en el conflicto interno con sus éxitos tácticos, operacionales y estratégicos, así como la participación en ese primer ejercicio internacional, evidenciaron la capacidad disuasiva y reforzaron el concepto de defensa activa. Red Flag abrió la posibilidad a otras bases aéreas de ser parte de ejercicios similares e importantes, entre ellos: Green Flag, Angel Thunder, Maple Flag, Cruzex Flight, Movility Guardian, en diferentes versiones, fundamentando su posicionamiento como fuerza aérea referente en el hemisferio.

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El Museo de la  Fuerza Aeroespacial Colombiana estudia, divulga, recupera y conserva el patrimonio histórico y tecnológico aeronáutico colombiano, contribuyendo a la cultura nacional, fomentando valores sociales como el respeto, el reconocimiento cultural e histórico y el amor patrio, incentivando también a la investigación y al desarrollo aeronáutico en Colombia.

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