La mística del azul que denota el cielo, la verdad y la lealtad, inspiraron al teniente coronel Luis Francisco Pinto Parra a instituirlo como color distintivo de la Fuerza, reflejado en el uniforme, el escudo y el estandarte, símbolos que la distinguen y hacen parte de la identidad de quienes la integran.
El helicóptero llegó por primera vez a Colombia en 1952, cuando el Ministerio de Obras Públicas lo adquirió para controlar y supervisar trabajos que se adelantaban en la construcción del ferrocarril del Atlántico.
Inicialmente, llegaron de los Estados Unidos helicópteros Hiller OH-13, Raven OH- 12 y Bell OH-23, que operaron en la Base Aérea de Palanquero, época en que el Gobierno decidió crear la primera base de helicópteros en Melgar, Tolima.
En esa década la situación de orden público en el Tolima fue muy crítica. La naciente Escuela de Ala Rotatoria, que concentraba todos los helicópteros de la Fuerza, tuvo que combinar las misiones de entrenamiento con las de reconocimiento, enlace, búsqueda y rescate, evacuación aeromédica y abastecimientos. En noviembre de 1954 se concluyó la pista de aterrizaje, ampliando la capacidad operativa de la unidad, y a mediados de los sesenta, con la llegada de los primeros helicópteros medianos –Huskie HH-43B e Iroquois UH-1B–, se elevó la unidad a la categoría de Comando Aéreo de Apoyo Táctico No. 1, CAATA 1.
La salida de servicio de los Hiller y los Bell hizo necesaria la reposición y modernización progresiva del equipo de entrenamiento y apoyo táctico con nuevos helicópteros Cayuse OH-6A, Huey UH-1H/N, Osage TH-55A, H-300 (entrenamiento), Bell 205, Defender MD-500, Rapaz AB-212, Falcon F-28, Black Hawk UH-60, Ranger B-206 y Creek TH-67.
En diciembre de 2001, siendo Comando Aéreo de Combate No. 4, recibe una dotación de 17 UH-1H, materializando la primera entrega de equipo dentro del Plan Colombia. Al año siguiente, se creó la Escuela Conjunta de Helicópteros de la Fuerza Pública que, en 2003, pasó a denominarse Escuela de Helicópteros para las Fuerzas Armadas (EHFAA). cacom-4 ha sido, por tradición, pilar en la formación de pilotos, tripulantes y personal de mantenimiento de ala rotatoria para Colombia. A partir de la creación de la Escuela, se han graduado más de 7.000 pilotos colombianos y de otras naciones, como Costa Rica, Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay. La Escuela, hoy centro de entrenamiento internacional, es catalogada como la mejor en América Latina por su organización, instalaciones, tecnología de punta, calidad de los programas, simuladores de vuelo únicos en esta parte del continente y sus calificados instructores, que promueven la innovación, desarrollo de métodos y técnicas de instrucción.
A partir de 1995, con la descentralización de estas aeronaves de la Base de Melgar a unidades como CACOM 1, CACOM 2, CACOM 3 y EMAVI, el empleo de los helicópteros y el despliegue operacional cambió la planeación y ejecución de las operaciones, dando a la Fuerza Aeroespacial Colombiana mayor movilidad y oportunidad en la respuesta, así como capacidad de reacción y fuego. Por ejemplo, el asalto a posiciones del enemigo pasó del interminable tránsito por las montañas a operaciones aeromóviles con insuperable precisión, los abastecimientos dejaron de ser lanzados en bultos desde el aire para ser descargados directamente en tierra.
Es de recordar la notable participación del CACOM 4 en las operaciones ofensivas Soberanía, para la recuperación de Marquetalia, entre Tolima y Cauca; Colombia, en La Uribe, Meta, donde se expulsó de Casa Verde al estado mayor y secretariado de las FARC; Nuevo Horizonte y Yesenia, para bloquear el corredor de movilidad del enemigo; y Aurora, Espartaco, Felino y Escudo para debilitar los frentes guerrilleros en Huila y Tolima.
La versatilidad de los helicópteros militares se ha demostrado en respuesta a diversas amenazas y en operaciones de ayuda humanitaria. En 1985, luego de la avalancha producida por la erupción del volcán nevado del Ruiz en Armero, Tolima, helicópteros y tripulaciones de la Fuerza Aeroespacial realizaron vuelos estacionarios para ubicar, extraer y evacuar a miles de víctimas.
A esta catástrofe y otras, como la del río Páez en 1994, se unen innumerables misiones de apoyo a la comunidad y nuevas capacidades para las operaciones militares, destacándose la extinción de incendios forestales con el sistema Bamby Bucket; monitoreo y vigilancia vulcanológica; operaciones de salvamento y rescate, SAR-CSAR; perifoneo aéreo; y K DUCK, entre otras.






