Profesor, escritor, estadista, diplomático y humanista, dirigió los destinos de la nación en una época de convulsiones y limitaciones, momento en el cual aparecía la aviación como sinónimo de desarrollo y promesa de cambio. Marco Fidel Suárez, un hombre idealista y soñador, sustentó propósitos excelsos y propició empresas de mayor cuantía y aliento, muestra de ello y haciendo eco a las reflexiones consignadas en su libro Sueños de Luciano Pulgar, el 31 de diciembre de 1919, sancionó la Ley 126 que dio vida a la Fuerza Aeroespacial Colombiana.
Si bien la historia de la Escuela Militar de Aviación se inició en 1920, en Flandes, Tolima, la base donde hoy opera tiene sus orígenes al término del conflicto colombo-peruano en 1933, cuando el Gobierno Nacional dispuso el traslado de la Escuela, que funcionaba en Madrid, Cundinamarca, a Cali, Valle del Cauca, en predios de la hacienda “El Guabito”. La Escuela, que comenzó actividades en septiembre de 1933 con 20 alumnos integrantes del curso No. 3, graduó en diciembre del mismo año los primeros pilotos, contando hasta 1935 con la asesoría de una misión aérea alemana. Posteriormente, llegó una misión cubana, que permaneció poco tiempo, y a fines del mismo año se contrató una misión norteamericana, que finalizó en 1936, quedando toda la preparación y operación de la aviación militar en manos de instructores colombianos. En esa época la Escuela contaba con aviones de entrenamiento Fledgling J-2, Wild X y Trainer MK-1 y los aspirantes a aviación pasaban primero por la Escuela Militar de Cadetes del Ejército y en el último año eran transferidos a la de Aviación para los estudios de pilotaje.
La década de los cuarenta inició con cambios significativos, uno de ellos la incorporación de aspirantes desde el inicio de su formación militar. Así mismo, se renovó el material aeronáutico con la adquisición de los aviones de entrenamiento Husky PT-11C, Texan AT-6, Kaydet PT-17, Cornell PT-19 y Valiant BT-15. En la década de los cincuenta llegaron los Rawdon T-1 y Mentor T-34 y, a fines de 1968, arribaron los aviones de entrenamiento Mescalero T-41. En esa misma década, se creó el Grupo Acrobático “Águilas Negras”, conformado por dos escuadrillas de Mentor T-34, aeronaves que fueron modernizadas en el programa Peace Mentor y operaron hasta 2013, un año después de que los Calima T-90 asumieran la instrucción primaria de pilotos.
El programa de estudios de 1947 a 1955 comprendía materias como reglamento militar, historia, oratoria, geografía de Colombia y el mundo, inglés, armamento, táctica, matemáticas, álgebra, geometría y otras relacionadas con el vuelo, entre ellas navegación,
lectura de cartas, topografía, radiocomunicaciones, derecho aéreo y sistemas de los aviones. La instrucción de los pilotos se fue tecnificando cada vez más, alcanzando los niveles académicos del sistema universitario en el país.
En los años cincuenta, se introducía al país la aviación a reacción, motivando la creación de programas académicos para los pilotos militares. Por tanto, se impuso como requisito que los aspirantes a cadetes fueran bachilleres. Los programas de estudio se actualizaron una vez más en 1959, cuando el Comando de la Fuerza Aeroespacial Colombiana revisó los sistemas y programas de la Academia del Aire de los Estados Unidos y la Escuela Superior de Aerotécnica de la Fuerza Aérea Argentina. También se solicitó colaboración y asesoría a algunas universidades colombianas, especialmente la de los Andes, en Bogotá, y se contrató un grupo de profesores universitarios que comenzó labores en 1960. La formación de cadetes con el nuevo plan de estudios tenía una duración de cuatro años, divididos en tres períodos, y materias como instrucción militar, álgebra, trigonometría, química, dibujo, humanidades, inglés, cálculo, geometría, castellano, geopolítica, economía, tecnología mecánica, sociología, administración, mecánica analítica y de fluidos, resistencia de materiales y termodinámica. Así mismo, se impartía instrucción en especialidades de pilotaje, navegación, bombardeo, comunicaciones, meteorología y aerofotografía, mantenimiento, abastecimiento, armamento y defensa de bases. Estos cursos cambiaron paulatinamente y a finales de la década se estudiaba además aerodinámica, instrumentos negociables, aeropuertos, moneda y banca, derecho penal militar, administración pública y diseño de estructuras.
En 1968, el Ministerio de Educación aprobó los primeros programas de pregrado, dándole a la Escuela carácter de institución universitaria y se efectuaron transferencias de alumnos a varias universidades en todo el país. Desde 1971, a raíz de la desactivación del Instituto Militar Aeronáutico, la Escuela asumió los cursos de capacitación para ascenso a capitán y mayor, hasta 1982, cuando el Instituto fue reactivado en Bogotá como unidad docente independiente.
Los primeros oficiales profesionales incorporados en 1958, se agruparon inicialmente en el denominado cuerpo logístico, que posteriormente se complementó con el cuerpo administrativo, vinculando a la mujer en 1979, época en que se generalizó mundialmente la participación de género en diversos escenarios y roles profesionales. El nuevo milenio vio graduar a las primeras pilotos, navegantes y especialistas del cuerpo de vuelo de la Fuerza Aérea, integrantes del Curso Regular No. 73, quienes, en 2018, al adelantar el curso de Estado Mayor y ascender al grado de teniente coronel, se proyectan como comandantes y líderes de los cargos que tradicionalmente solo fueron ocupados por hombres.
El arte del vuelo a vela se inició en 1976, cuando se adquirió el planeador Schweizer con el fin de motivar y familiarizar a los cadetes con el vuelo. Siete años después llegaron dos planeadores Rumanian Lark, como parte de la etapa prevuelo en los cursos de pilotaje, que se reforzaría en 2017 al adquirir dos planeadores acrobáticos Perkoz SZD-54-2. A finales de los años setenta, en cumplimiento del Plan Colibrí, procedentes de la Base de Melgar, arribaron los helicópteros Osage TH-55 para conformar el nuevo Escuadrón de Entrenamiento de Helicópteros, retornando a su base de origen en 1992.
En 1995, con el propósito de mejorar la formación de cadetes y alféreces en todas las áreas, se modificaron los programas académicos y la permanencia de tres años como alumno se extendió a cuatro, previa aprobación del ICFES, con el fin de otorgar a los graduados el título profesional de Administradores Aeronáuticos. Progresivamente, se dio comienzo a la oferta educativa vigente de pregrado en ingeniería mecánica, ingeniería informática y ciencias militares aeronáuticas. Evolución que ha brindado a los futuros oficiales de la Fuerza conocimientos, herramientas y una formación competitiva para afrontar los retos que el país y el mundo aeronáutico exigen. Los exitosos resultados, que evidencian la calidad del sistema educativo, propiciaron en 2018 su acreditación institucional en Alta Calidad Académica, por parte del Consejo Nacional de Acreditación.
Con ese panorama y el interés institucional de estar a la vanguardia en ciencia y tecnología, la Escuela se ha consolidado como referente al implementar iniciativas en diferentes ámbitos del sector aeroespacial. Como resultado, con intervención de cadetes, oficiales y profesionales de diversas áreas, se gestaron los primeros estudios relacionados con Aeronaves Remotamente Tripuladas en el CITA, Centro de Investigación Tecnológica Aeronáutica, creado en 2002, que luego sería CITAE, Centro de Investigación de Tecnología Aeroespacial. A lo largo de casi dos décadas, los proyectos allí desarrollados permitieron que la Escuela incursionara en la carrera espacial al convertirse en la estación de operación terrena del nanosatélite facsat-1, puesto en órbita en 2018. Actividad con fines de investigación formativa para los cadetes que cursan los programas de pregrado, quienes tendrán la posibilidad de acceder a estas tecnologías.
Desde sus inicios y hasta 2013, año en que se creó el Comando Aéreo de Combate No. 7, la base, además de ser responsable de la formación de los futuros oficiales, también llevó a cabo operaciones aéreas en el suroccidente del país, incluyendo los departamentos de Cauca, Valle y Nariño, debilitando y desarticulando grupos narcoterroristas que delinquían en esa área, así como brindando asistencia humanitaria, realizando misiones de evacuación y traslado aeromédico, vigilancia en atención y prevención de desastres y extinción de incendios forestales. Para ello, contó con aviones Fantasma AC-47T, Schweizer SA2-37B, Merlín SR-26, Casa C-212, Cessna C-310R, y helicópteros AH-60L Arpía y UH-60L Ángel.
Para 2017, habían egresado de la Escuela Militar de Aviación 90 cursos de oficiales, 18 del cuerpo extraordinario y 41 del cuerpo administrativo. Al año siguiente, desaparece la incorporación del cuerpo extraordinario y se estandariza la designación de los cursos regulares y administrativos, graduándose el curso 91.






